Formación

La formación es la respuesta responsable del cristiano, interpelado en su libertad por la llamada de Dios, a crecer, a madurar, a dar fruto. Se orienta al desarrollo integral de la propia personalidad humana a la luz de Cristo, que nos revela lo que significa ser verdaderamente hombre, hasta alcanzar la madurez en el amor.

Se trata de asimilar en espíritu de fe y de oración y en colaboración y comunión con los hermanos, las características peculiares de la espiritualidad Amigoniana. Este permanente crecimiento en el ideal de vida cristiana y amigoniana es garantía de autenticidad dentro de la iglesia, junto con los otros hermanos de la Familia Amigoniana.

¿Por qué la formación?

Las motivaciones fundamentales para la formación son:

  • Nuestra condición humana siempre en construcción, que demanda un trabajo constante para crecer.
  • Los desafíos que nos lanza un mundo que cambia a una velocidad acelerada. Los signos del Espíritu…
  • La fidelidad al Señor como algo dinámico y progresivo.
  • La responsabilidad que tenemos como depositarios de un Carisma de cara a su continuidad en la Iglesia.
  • Exigencia para una participación adulta en la Iglesia.
  • La responsabilidad que tenemos de renovarnos por coherencia personal y ante los hermanos de la propia comunidad con los que estamos llamados a crecer.

Criterios

  • La formación debe ser integral, se dirige al hombre entero y en todas sus dimensiones.
  • La formación debe ser progresiva. Se estructura en un itinerario compuesto por distintas etapas.
  • La formación debe ser continua y permanente como exigencia de fidelidad al Señor y a la sociedad
  • Formarse para la vida y misión en el mundo, insertos en la realidad que nos toca vivir.
  • El ámbito más importante de la formación es la vida diaria y la actitud reflexiva y coherente en ella.
  • Los espacios formativos que ofrecen las comunidades son el soporte fundamental para la formación.
  • Después de lo anterior, hay que aprovechar las ofertas formativas del entorno en cursos, encuentros, libros…
  • Es importante la animación de los formadores y responsables de comunidades.

Dimensiones de la formación

  • Dimensión humana.
  • Dimensión cristiana.
  • Dimensión amigoniana.

Agentes y ámbitos de la formación

La formación encuentra su raíz y su fuerza en Dios como gran educador de su pueblo. Se concibe la formación, por tanto, como un camino de conversión en apertura al Señor para estar más dispuestos a discernir su designio de amor sobre nuestra vida.

Cada persona es la primera responsable y protagonista de su propia formación.

La Iglesia está llamada a tomar parte en la acción educadora divina. Las pequeñas comunidades eclesiales son una ayuda notable en la formación de los cristianos.

La Comunidad de Religiosa o Laical Amigoniana es el ambiente adecuado para la formación. Una comunidad que vive, en dinámica de fidelidad, el Carisma Amigoniano, acoge y acompaña a sus miembros. Es importante en ella la labor de los responsables de la formación.

Otros agentes y ámbitos para la formación son: la familia cristiana, escuelas y universidades católicas, las asociaciones y los movimientos…